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miércoles, 13 de julio de 2011

El verdadero valor del anillo


Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.


—Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

—Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizá después... –y haciendo una pausa agregó— Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

—E... encantado, maestro –titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

—Bien –asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó –toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete antes y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer al anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado –más de cien personas— y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación.

—Maestro –dijo— lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizá pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

—Qué importante lo que dijiste, joven amigo –contestó sonriente el maestro—. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

—Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

¡¿58 monedas?! –exclamó el joven.

—Sí –replicó el joyero— Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

—Siéntate –dijo el maestro después de escucharlo—. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.


jueves, 16 de septiembre de 2010

El hombre y la máquina


"No podía creer lo que estaba ocurriendo, se encontraba enfermo aquella mañana, decaído y con un dolor generalizado en sus extremidades.
-Pero seguidamente (pensó) debía ser que el frío de la otra noche cuando dejé la ventana abierta.

Encendió un cigarro y sonrió... pensó en su vitalidad y en la capacidad para averiguar cualquier tipo de situación... dominio y poderío de ser capaz de controlarlo todo.

De repente un intenso dolor le invadió cegándole, esta vez se desplomó en mitad del paseo, las luces empezaron a nublarse y sintió por primera vez la impotencia de no poder hacer nada, a merced de los viandantes y extraños que pasaban por allí.

Lo último en recordar fué una exclamación y una borrosa visión de un joven desaliñado:

-Pobre hombre, le ha debido de dar un infarto.

El sonido de una ambulancia fué lo siguiente que pudo escuchar mientras perdía el contacto con el mundo real... sintió unas manos que le acariciaron, pero no pudo saber de donde procedían...

Despertó en aquella habitación y sintióse débil y ridículo, pensó que su cuerpo soportaría cualquier abuso. El carácter a veces no es compatible con nuestra "máquina" genéticamente caprichosa a la suerte de la madre naturaleza.

Aprendió a valorar cuando aquel extraño (y médico) le sonrió mientras le ayudaba a levantar el vaso con la medicina en aquel hospital... quizás no sea de mi estilo pensó, porque en su muñeca luce una pulsera de cuerda, en su ceja un piercing... pero en ese momento hubiese dado todo por tener su misma salud.

Quizás nunca hubiese imaginado la compatibilidad del cariño de aquel médico extranjero con su status social refinado, mientras le hablaba con atención y cariño."


Tu mejor lubricante para seguir funcionando... nunca sabes quién te lo administrará.


Jose.




domingo, 12 de septiembre de 2010

"La Dama y La Muerte " ( Otro cuento )

Una anciana, cuyo marido ya pasó a mejor vida, está deseando reunirse con él, pero será el objeto de una furiosa pelea en la que el ganador se queda con todo. Imposible no rendirse ante el vendaval de imaginación que nos propone esta joya...

viernes, 13 de agosto de 2010

La crisis y los burros (cuéntame un cuento)





"Se solicitó a un prestigioso asesor financiero que explicara la crisis de una forma sencilla, para que la gente entendiera de qué iba la cosa. Él contó la siguiente historia:



Un señor se dirigió a cierta aldea y ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro que le vendieran. Buena parte de la población le vendió sus animales.



Al día siguiente regresó y ofreció un mejor precio: 150 euritos por cada burro. Otros tantos aldeanos vendieron los suyos. A continuación ofreció 300 euros y el resto de la población vendió hasta el último asno.



Cuando ya no quedaban animales, subió aún más el precio: 500 euros estaba dispuesto a pagar, y dio a entender que los compraría la semana siguiente. Dicho lo cual, se marchó.



Poco después envió a su ayudante a la aldea vender a los paisanos los mismos burros a 400 euros cada uno. Los aldeanos, ante la perspectiva de revenderlos por 5oo, los volvieron a comprar, y quien no tenía el dinero lo pidió prestado.



Como era de esperar, el ayudante y su señor no volvieron a aparecer.



Resultado: La aldea se llenó de burros y de aldeanos endeudados hasta las cejas.





Hasta aquí lo que contó el asesor. Veamos lo que pasó después:



Los que habían pedido dinero prestado, al no vender los burros, no pudieron pagar el préstamo. Los prestamistas entonces se quejaron al ayuntamiento ya que, si no cobraban, se arruinarían ellos y no podrían seguir prestando a nadie. Por tanto se arruinaría también el pueblo.



Para que los prestamistas no se arruinaran, el alcalde les subvencionó convenientemente en vez de dar ese dinero a la gente para que pagara las deudas. Y como los prestamistas no perdonaron las deudas a los del pueblo, los aldeanos siguieron endeudándose cada vez más.



El Alcalde había dilapidado el presupuesto del Ayuntamiento, con lo que el Municipio quedó también endeudado. Entonces pidió dinero a otros ayuntamientos; pero éstos le dijeron que no podían ayudarle, ya que un ayuntamiento arruinado nunca podría devolver lo que le prestasen.



Resultado final:



Los listos del principio, forrados.



Los prestamistas, con sus ganancias resueltas y un montón de gente a la que seguirán cobrando lo que les prestaron más los intereses, incluso adueñándose de los ya devaluados burros con los que nunca llegarán a cubrir toda la deuda. Mucha gente arruinada y sin burro para toda la vida. El Ayuntamiento igualmente arruinado.



Naturalmente, para resolver la crisis y salvar al pueblo, el Ayuntamiento bajó el sueldo a sus funcionarios."



Extraído de la red.







lunes, 12 de abril de 2010

El taxi y la sopica de la abuela Blasa



Érase una vez una viejecita que cuidaba a su hermano soltero, y todos los días le llevaba la comidita en un recipiente de aluminio, herméticamente cerrado. Utilizaba taxis para desplazarse del barrio de La Jota, al barrio Oliver. Se gastaba más dinero en taxis que en la propia comida. Ya era una clienta habitual entre nosotros los taxistas.

Un buen día, entró a mi taxi con un recipiente más grande de lo habitual, lo llevaba en vuelto en un trapo con mucho cuidado y esmero.
Cuando la ví entrar me produjo alegría, por su trato familiar y sobre todo por la buena carrera que me esperaba...

Comenzamos el trayecto y al poco tiempo un aroma de sabrosa comida envolvió el taxi y mis fosas nasales. Le comenté:

-¿Lleva comida ahí, verdad?
-Sí, hijo mío. Le llevo la sopica caliente a mi hermanico, que el pobrecico está malico con fiebre y tos.
-Cuide no vaya a derramarse la sopica, señora.
-Hijo mío, que ya me conoces que no mancho nada, que la llevo encimica de mis piernas.
-Ya lo sé que ya la he llevado otras veces, vamos si se mancha algo lo limpio y vale.

Anduvimos un buen rato hablando de su hermano soltero, su situación de pena. Lo machote que fué durante su juventud y su soltería. Sin embargo, hoy era su hermana la que le llevaba la sopa caliente en un taxi, para dar calor a su declive y deterioro físico... ley de vida.

Cuando ya estábamos cerca, tras un misterioso paréntesis de silencio, con el olor más fuerte a sopica que nunca, yo ya me encontraba como drogado y harto de aquel sabor a caldo de gallina nasal...

De repente, casi con la voz temblorosa, me dijo:

-Hijo mío, no te me enfades...
-No señora no me enfado. ¿Que pasa?
-Se me ha caído la sopica por el "taxis"
-¡Buah, señora Buah!

Al volver la cabeza hacia atrás pude contemplar, como se había derramado la caliente sopa y estaba totalmente absorbida en la tapicería del taxi. Tan sólo mi vista casi nublada por aquel sopor a sopa, divisó todos los fideos flotando por el asiento.
No supe si reir o llorar, lo cierto es que ni una cosa ni la otra hice. Seguramente alcancé un pico máximo en mi tensión arterial...

La señora me dió una propinica para el aspirador de la Cooperativa de Taxis y poder succionar los fideos y algo de caldo de gallina. Luego una buena celulosa Scotex para terminar de chupar el mejunje...

¿Que habría sido de aquel pobre señor soltero y desamparado con tos y sin buena sopa que calentar su pena?

P.D. (Por Dios)

-Los taxis deberían estar preparados con algun dispositivo para transporte de sopa caliente...

Digo yo, jolín.

domingo, 11 de abril de 2010

El dominio de nuestras posibilidades...









" Se cuenta que un jovencito, a los doce años de edad, sufrió un accidente grave y los médicos debieron amputarle el brazo izquierdo.

El muchacho se recuperó moralmente y cierto día, animado, decidió aprender algún arte marcial apropiado a su condición. Se dirigió a un afamado instructor que vivía en la misma aldea, un hombre entrado en años.

El alumno, entusiasta y dedicado, aprendió con gran rapidez. Sin embargo, después de seis meses de práctica diaria dominaba un sólo movimiento, que ejecutaba casi a la perfección.

Preocupado por las limitaciones de su formación le solicitó a su maestro que le enseñara otras formas más complicadas. El sensei lo escuchó con respeto, pero le señaló que le estaba entregando todo lo que el necesitaba incorporar a su vida de combate, por lo que era fundamental que se tranquilizase y, sin quejas, siguiera perfeccionando los secretos de ese único movimiento.

Poco tiempo después el muchacho fue invitado a participar en un torneo y logró clasificarse como semifinalista. El rival a quien le correspondía enfrentarse era mayor que él, más experimentado y dueño de unas destrezas imponentes. Nada parecía favorable para que un joven lisiado tuviese alguna oportunidad, no ya de ganar, sino de salir ileso. Sin embargo, el maestro le exigió a su alumno consagración total a lo que le había enseñado, sin más complicaciones.

Después de una larga contienda, el vigoroso oponente comenzó a perder concentración y a fatigarse. El alumno, por su parte, continuó aplicando el único movimiento que dominaba, seguro, sin fatiga, hasta que consiguió derribar a su rival, exhausto, al suelo.

De regreso a su casa, el muchacho preguntó a su maestro, que caminaba en silencio junto a él, impasible:

- Maestro ¿cómo pude ganar aplicando sólo una posición de ataque?

- Aprendiste a dominar uno de los pasos más difíciles de todo el judo. La única defensa contra ese movimiento radica en que tu rival te tome por tu brazo izquierdo."



Enrique Mariscal en El poder de lo simple.








lunes, 22 de marzo de 2010

No hay que temer nada...



Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mi mismo.

Temía fracasar, hasta que me di cuenta que únicamente fracaso si no lo intento.

Temía lo que la gente opinara de mí, hasta que me di cuenta de que de todos modos opinarían de mí.

Temía que me rechazaran, hasta que entendí que debía tener fe en mi mismo.

Temía al dolor, hasta que aprendí que éste es necesario para crecer.

Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras.

Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, sino más bien el comienzo.

Temía al odio, hasta que me di cuenta que no es otra cosa más que ignorancia.

Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mi mismo.

Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día.

Temía al pasado, hasta que comprendí que no podía herirme más.

Temía a la oscuridad, hasta que vi la belleza de la luz de una estrella.

Temía al cambio, hasta que vi que aún la mariposa más hermosa necesitaba pasar por una metamorfosis antes de volar.

Hagamos que nuestras vidas cada día tengan mas vida y si nos sentimos desfallecer no olvidemos que al final siempre hay algo más.

Hay que vivir ligero porque el tiempo de morir está fijado.

Tomado en la red.





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lunes, 15 de marzo de 2010

Vivir otra vez ...



Habían pasado muchos años desde su niñez, y aquellos recuerdos que le acompañaban tan a menudo no eran otros que el olor a la naturaleza y el fresco aire que recorría sus fosas nasales. Tan sólo era eso, nada más.

Y sin embargo, diariamente se enfrentaba a una gran ciudad monótona y gris, pero la diferencia que la caracterizaba del resto era su capacidad para soñar y seguir volando a aquellos lugares naturales y frescos, invasores de sus sentidos.

Podía soñar trabajando en la oficina o tomando un café caliente y sabroso. Había adquirido la virtud de soñar despierta en cualquier sitio, obtenía al instante ese pequeño empuje de felicidad que le animaba a seguir.
Cuando de vuelta a casa, en el silencio confortable de un taxi, cerraba los ojos y seguía en aquel paraíso familiar de su niñez.

Un buen día, eligió un vestido amarillo y decidió visitar el mismo prado que tanto añoraba cada día.

Nada había cambiado, excepto ella. Era mucho más hermosa y más sabia por las lecciones de la vida. Entonces comenzó a recordar muchas más cosas vividas en el pasado: El arroyo de siempre, el sonido del agua, el olor a leña ardiendo, el sabor del pan caliente... una cosa precedía a la siguiente, increíblemente bellos fueron sus recuerdos.


Aquel día aprendió que los sueños son solamente para hacerlos realidad.

Desde aquel día ya no durmió para descansar... ahora simplemente dormiría para soñar.

¡¡ Aquel día decidió cambiar tantas cosas...!!



sábado, 13 de marzo de 2010

Pequeños desgarros...



"Puedes pegar un pedazo de cinta engomada en tu mano. Y si lo haces con cuidado la unión queda firme y se mantiene. Puedes despegarla y pegarla de nuevo, pero su adherencia ya no será la misma que la primera vez. Puedes repetir la operación más veces, pero en cada ciclo el agarre de la cinta engomada será menor. Y la razón es muy clara, cada vez que lo haces, pedazos de tu piel muy pequeños e invisibles son arrancados en el tirón. Estos desgarros microscópicos son los que impiden que la unión sea estable o duradera. Esos pequeños desgarres sumados uno con otro son los que al final, un día, hacen que la cinta no se pegue más".

Jorge Bucay.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Cadenas...




“Nunca abandones tus sueños, sigue las señales”

“El amor nos da la fuerza para realizar tareas imposibles”

“El camino a la sabiduría es no tener miedo a cometer errores”



Paulo Coelho.







viernes, 5 de marzo de 2010

Cuéntame un cuento...(Sólo por amor)




"Camino por mi camino. Mi camino es una ruta con un solo carril, el mío.
A mi izquierda un muro eterno, separa mi camino del camino de alguien que transita a mi lado, del otro lado del muro.
De vez en cuando en este muro hay un agujero, una ventana, una hendidura… y puedo mirar hacia el camino de mi vecino o vecina.
Un día mientras camino, creo ver, del otro lado del muro, una figura que pasa a mi ritmo, en mi misma dirección.
Miro esa figura: es una mujer, es hermosa.
Ella también me ve. Me mira.
La vuelvo a mirar.
Le sonrío… y me sonríe.
Un momento después ella sigue andando su camino y yo apuro la marcha porque espero ansiosamente la próxima oportunidad de cruzarme con esa mujer.
En la próxima ventana me detengo un minuto.
Cuando ella llega, nos miramos a través de la ventana.
Parece tan encantada conmigo como yo con ella.
Le digo por señas lo mucho que ella me agrada.
Me contesta por señas. No sé si significan lo mismo que las mías, pero intuyo que ella entiende lo que quiero decirle.
Siento que me quedaría un largo rato mirándola y dejándome mirar, pero sé que mi camino continúa…
Me digo que más adelante en el camino, habrá seguramente una puerta y quizás pueda yo cruzar a encontrarme con ella.
Nada da más certeza que el deseo, así que me apuro por encontrar la puerta que imagino.
Empiezo a correr con la vista clavada en el muro.
Un poco más adelante la puerta aparece.
Allí está del otro lado, mi ahora deseada y amada compañera, esperando, esperándome.
Le hago un gesto, ella me devuelve un beso en el aire.
Me hace una seña como llamándome. Es todo lo que necesito.
Emprendo contra la puerta para reunirme con ella, de su lado del muro.
La puerta es muy estrecha, paso una mano, paso el hombro, hundo un poco la panza, me retuerzo un poquito sobre mí mismo, casi consigo pasar mi cabeza pero mi oreja derecha se queda trabada.
Empujo.
No hay caso, no pasa.
Y no puedo usar mi mano para torcerla, porque no podría poner ni un dedo allí…
No hay espacio para pasar con mi oreja, así que, tomo una decisión…
(Porque mi amada está allí, y me espera…).
(Porque es la mujer que siempre soñé y me llama…)
… Saco una navaja de mi bolsillo y de un sólo tajo rápido, me animo a darme un corte en la oreja para que mi cabeza pase por la puerta.
Y tengo éxito, mi cabeza consigue pasar…
Pero después de mi cabeza, veo que es mi hombro el que queda trabado.
La puerta, no tiene la forma de mi cuerpo.
Hago fuerza, pero no hay remedio, mi mano y mi cuerpo han pasado, pero mi otro hombro y mi otro brazo no pasan…
Ya nada me importa, así que…
Retrocedo, y sin pensar en las consecuencias, tomo envión y fuerzo mi paso por la puerta.
Al hacerlo, el golpe desarticula mi hombro y el brazo queda colgando como sin vida, pero ahora, afortunadamente, en una posición tal que no puedo atravesar la puerta…
Ya casi… casi, estoy del otro lado.
Justo cuando estoy a punto de terminar de pasar por la hendidura, me doy cuenta de que mi pie derecho se ha quedado enganchado del otro lado.
Por mucho que fuerzo y me esfuerzo, no puedo pasarlo.
No hay caso, la puerta es demasiado angosta para que mi cuerpo entero pase por ella.
Demasiado angosta, no pasan mis dos pies…
No lo dudo. Estoy ya casi al alcance de mi amada.
No puedo echarme atrás… Así que, agarro el hacha, y apretando los dientes, doy el golpe y desprendo la pierna.
Ensangrentado, a los saltos, apoyado en el hacha y con el brazo desarticulado, con una oreja y una pierna menos, me encuentro con mi amada.
Le digo:
- Aquí estoy. Por fin he pasado. Me miraste, te miré, me enamoré. He pagado todos los costos por ti… Todo vale en la guerra y el amor. No importan los sacrificios… valían la pena si eran para encontrarse contigo… para poder seguir juntos… juntos para siempre…
Ella me mira, se le escapa una mueca y me dice:
- Así no, así no quiero… A mí me gustabas cuando estabas entero."


Extraído totalmente del libro "Cuentos para pensar"
- Jorge Bucay

jueves, 18 de febrero de 2010

Poniendo máscaras...



"Cada vez que me pongo una máscara para tapar mi realidad, fingiendo ser lo que no soy, lo hago para atraer a la gente.
Luego descubro que sólo atraigo a otros enmascarados, alejando a los demás, debido a un estorbo: la máscara.
Uso la máscara para evitar que la gente vea mis debilidades; luego descubro que al no ver mi humanidad, los demás no me quieren por lo que soy, sino por la máscara.
Uso una máscara para preservar mis amistades; luego descubro que si pierdo un amigo por haber sido auténtico, realmente no era amigo mío, sino de la máscara.
Me pongo una máscara para evitar ofender a alguien y ser diplomático; luego descubro que aquello que más ofende a las personas con las que quiero intimar, es la máscara.
Me pongo una máscara, convencido de que es lo mejor que puedo hacer para ser amado. Luego descubro la triste paradoja: lo que más deseo lograr con mis máscaras, es precisamente lo que impido con ellas."

Fuente: Gilbert Brenson


martes, 9 de febrero de 2010

Respetar la libertad...



"Había una vez un tigre sin color. Todos sus tonos eran grises, blancos y negros. Tanto, que parecía salido de una de esas películas antiguas. Su falta de color le había hecho tan famoso, que los mejores pintores del mundo entero habían visitado su zoológico tratando de colorearlo, pero ninguno había conseguido nada: todos los colores y pigmentos resbalaban sobre su piel.

Entonces apareció Chiflus, el pintor chiflado. Era un tipo extraño que andaba por todas partes pintando alegremente con su pincel. Mejor dicho, hacía como si pintara, porque nunca mojaba su pincel, y tampoco utilizaba lienzos o papeles; sólo pintaba en el aire, y de ahí decían que estaba chiflado. Por eso les hizo tanta gracia a todos que Chiflus dijera que quería pintar al tigre gris.

Al entrar en la jaula del tigre, el chiflado pintor comenzó a susurrarle a la oreja, al tiempo que movía su seco pincel arriba y abajo sobre el animal. Y sorprendiendo a todos, la piel del tigre comenzó a tomar los colores y tonos más vivos que un tigre pueda tener. Estuvo Chiflus mucho tiempo susurrando al gran animal y retocando todo su pelaje, que resultó bellísimo.

Todos quisieron saber cuál era el secreto de aquel genial pintor. Chiflus explicó cómo su pincel sólo servía para pintar la vida real, que por eso no necesitaba usar colores, y que había podido pintar el tigre con una única frase que susurró a su oido continuamente: "en sólo unos días volverás a ser libre, ya lo verás".

Y viendo la tristeza que causaba al tigre su encierro, y la alegría por su libertad, los responsables del zoo finalmente lo llevaron a la selva y lo liberaron, donde nunca más perdió su color."


"La libertad es la parte fundamental de la vida, lo que le da color, y hay que respetarla siempre."


Copiado en la red.




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jueves, 4 de febrero de 2010

Cuéntame un cuento... Recibí flores hoy



No es mi cumpleaños ni otro día en especial.
Tuvimos nuestro primer disgusto anoche, y él
dijo cosas muy crueles que en verdad me
ofendieron, pero sé que esta arrepentido,
y no las dijo en serio,
porque el me mandó flores hoy.
¡¡¡Recibí flores hoy!!!

No es nuestro aniversario o ningún otro día especial;
anoche me aventó contra la pared y comenzó a ahorcarme,
parecía una pesadilla, pero de las pesadillas despiertas
y uno sabe que es real; me levanté ésta mañana adolorida,
y con golpes en todos lados, pero yo sé que está arrepentido;
porque el me mandó flores hoy.
¡¡¡Recibí flores hoy!!!

Y no es día de San Valentín o ningún otro día en especial;
anoche me golpeó y amenazó con matarme;
ni el maquillaje ni las mangas largas podían esconder los golpes
o las cortadas que me ocasionó esta vez.
No pude ir al trabajo hoy, porque no quería que se dieran cuenta,
pero yo sé que está arrepentido; porque el me mandó flores hoy.
¡¡¡Recibí flores hoy!!!

Y no era el día de las madres o ningún otro día en especial;
anoche el me volvió a golpear, pero esta vez fue mucho peor.
Si logro dejarlo... qué voy a hacer? cómo podría yo sola
sacar adelante a los niños? qué pasará si nos falta dinero?
le tengo tanto miedo, pero dependo tanto de él que temo dejarlo.
Pero yo sé que está arrepentido, porque él me mandó flores hoy.
¡¡¡Recibí flores hoy!!!

Hoy es un día muy especial, es el día de mi funeral.
Anoche por fin logró matarme;
me golpeó hasta morir.
Si por lo menos hubiera tenido el valor
y la fortaleza de dejarlo;
si hubiera aceptado la ayuda profesional.
¡¡¡Hoy no hubiera recibido flores!!!

Copiado en la red.


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jueves, 28 de enero de 2010

El ojo



"Un día dijo el Ojo:

-Más allá de estos valles veo una montaña envuelta en azul velo de niebla. ¿No es hermosa?

El Oído oyó esto, y tras escuchar atentamente otro rato, dijo:

-Pero; ¿dónde está esa montaña? No la oigo... Luego, la Mano habló, y dijo:

-En vano trato de sentirla o tocarla; no encuentro ninguna montaña.

Y la Nariz dijo:

-No hay ninguna montaña por aquí; no la huelo.

Luego, el Ojo se volvió hacia el otro lado, y los demás sentidos empezaron a murmurar de la extraña alucinación del Ojo. Y decían entre sí: " ¡Algo debe de andar mal en el Ojo!"

Gibran Khalil.


Tomado del libro "El Loco"

martes, 26 de enero de 2010

¡SACÚDETE Y SUBE!




"Se cuenta de cierto campesino que tenia una mula ya vieja. En un lamentable descuido, la mula cayó en un pozo que había en la finca. El campesino oyó los bramidos del animal, y corrió para ver lo que ocurría. Le dio pena ver a su fiel servidora en esa condición, pero después de analizar cuidadosamente la situación, creyó que no había modo de salvar al pobre animal, y que más valía sepultarla en el mismo pozo.

El campesino llamó a sus vecinos y les contó lo que estaba ocurriendo y los enlistó para que le ayudaran a enterrar la mula en el pozo para que no continuara sufriendo.

Al principio, la mula se puso histérica.

Pero a medida que el campesino y sus vecinos continuaban paleando tierra sobre sus lomos, una idea vino a su mente. A la mula se le ocurrió que cada vez que una palada de tierra cayera sobre sus lomos... ¡ELLA DEBÍA SACUDIRSE Y SUBIR SOBRE LA TIERRA!

Esto hizo la mula palazo tras palazo.

Sacúdete y sube. Sacúdete y sube. Sacúdete y sube!! Repetía la mula para alentarse a sí misma.

No importaba cuán dolorosos fueran los golpes de la tierra y las piedras sobre su lomo, o lo tormentoso de la situación, la mula luchó contra el pánico, y continuó SACUDIÉNDOSE Y SUBIENDO. A sus pies se fue elevando de nivel el piso.

Los hombres sorprendidos captaron la estrategia de la mula, y eso los alentó a continuar paleando. Poco a poco se pudo llegar hasta el punto en que la mula cansada y abatida pudo salir de un brinco de las paredes de aquel pozo.

La tierra que parecía que la enterraría, se convirtió en su bendición, todo por la manera en la que ella enfrentó la adversidad.


¡ASI ES LA VIDA!
Si enfrentamos nuestros problemas, respondemos positivamente, rehusamos dar lugar al pánico, a la amargura, y las lamentaciones de nuestra baja autoestima, las adversidades, que vienen a nuestra vida a tratar de enterrarnos, nos darán el potencial para poder salir beneficiados y bendecidos... ¡¡RECUÉRDALO!! "

Tomado en la red.


domingo, 24 de enero de 2010

" La oveja negra "



Érase un país donde todos eran ladrones. Por la noche cada uno de los habitantes salía con una ganzúa y una linterna para ir a saquear la casa de un vecino. Al regresar al alba, cargado, encontraba su casa desvalijada.
Y todos vivían en concordia y sin daño, porque uno robaba al otro y éste a otro y así sucesivamente, hasta llegar al último que robaba al primero.
En aquel país el comercio solo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba.
El Gobierno era una asociación creada para delinquir en perjuicio de los súbditos y, por su lado, los súbditos sólo pensaban en defraudar al gobierno.
La vida transcurría sin tropiezo, y no había ricos ni pobres. Pero he aquí que no se sabe cómo, apareció en el país un hombre honrado. Por la noche, en vez de salir con la bolsa y la linterna se quedaba en casa y leía novelas.
Llegaban los ladrones, veían la luz encendida y no subían.
Esto duró un tiempo, después hubo que darle a entender que si el quería vivir sin hacer nada, no era una buena razón para no dejar hacer a los demás. Cada noche que pasaba en casa era una familia que no comía al día siguiente.
Frente a estas razones el hombre honrado no podía oponerse. También él empezó a salir por las noches para regresar al alba, pero no iba a robar. Era honrado, no había nada que hacer. Iba hasta el puente y se quedaba allí, miraba pasar el agua. Volvía a casa y la encontraba saqueada.
En menos de una semana el hombre honrado se encontró sin un centavo, sin tener que comer, con la casa vacía. Pero hasta aquí no había nada que decir, porque era culpa suya; lo malo era que de ese modo suyo de proceder nacía un gran desorden. Porque él se dejaba robar todo y entretanto no robaba a nadie.
De modo que siempre había alguien que al regresar al alba encontraba su casa intacta: la casa que él hubiera debido desvalijar. El hecho es que al cabo de un tiempo los que no eran robados llegaron a ser más ricos que los otros y no quisieron seguir robando.
Y por otro lado, los que iban a robar la casa del hombre honrado la encontraban siempre vacía. De modo que se volvían pobres.
Los que se habían vuelto ricos se acostumbraron a ir también al puente por la noche, a ver correr el agua. Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos otros que se hicieron ricos y muchos otros que se hicieron pobres. Pero los ricos vieron que yendo de noche al puente, al cabo de un tiempo, se volvían pobres y pensaron: "paguemos a los pobres para que vayan a robar por nuestra cuenta".
Se firmaron contratos, se establecieron los salarios, los porcentajes. Naturalmente, siempre eran ladrones y trataban de engañarse unos a otros. Pero como suele suceder, los ricos se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
Había ricos tan ricos que ya no tenían necesidad de robar o de hacer robar para seguir siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres, porque los pobres les robaban.
Entonces pagaron a los más pobres de los pobres para defender de los otros pobres sus propias casas, y así fue como instituyeron la policía y construyeron las cárceles.
De esta manera, pocos años después del advenimiento del hombre honrado, ya no se hablaba de robar o de ser robados, sino sólo de ricos o de pobres; y, sin embargo, todos seguían siendo ladrones.
Honrado sólo había sido aquel fulano, y no tardó en morirse de hambre.

Fuente: http://ingenieria.udea.edu.co/~marthac/seminario/lecturas/la_oveja_negra.html




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sábado, 23 de enero de 2010

" Da siempre lo mejor "



" Da siempre lo mejor.

A veces las personas son egoístas, ilógicas e insensatas; Aún así, perdónalas.

Si eres amable, las personas pueden acusarte de ser egoísta e interesado; Aún así, sé gentil.

Si eres vencedor, tendrás algunos falsos amigos y algunos enemigos verdaderos; Aún así, vence.

Si eres honesto y franco, las personas pueden engañarte; Aún así, sé honesto y franco.

Lo que tardaste años para construir, alguien puede destruirlo de una hora para otro; Aún así, construye.

Si tienes paz y eres feliz, las personas pueden sentir envidia; Aún así, sé feliz.


El bien que hagas hoy, puede ser olvidado mañana; Aún así, haz el bien.

Da al mundo lo mejor de ti, aunque eso pueda nunca ser suficiente; Aún así, Da lo mejor de ti mismo.

Y recuerda que, a fin de cuentas, Es entre tú y Dios. Nunca fue entre tú y ellos."


Madre Teresa de Calcuta.



viernes, 22 de enero de 2010

" La Envidia "



Toda la psicología de la envidia está sintetizada en una fábula:
"Un ventrudo sapo graznaba en su pantano cuando vio resplandecer en lo más alto de las toscas a una luciérnaga. Pensó que ningún ser tenía derecho de lucir cualidades que él mismo no poseería jamás.

Mortificado por su propia impotencia, saltó hasta ella y la cubrió con su vientre helado. La inocente luciérnaga osó preguntarle: ¿por qué me tapas? Y el sapo, congestionado por la envidia, sólo acertó a interrogar a su vez: ¿por qué brillas?"


Tomado del libro "El Hombre Mediocre" de

José Ingenieros.