miércoles, 27 de octubre de 2010

Lecciones de Felicidad

Fuente: La Nueva España.

Lo primero que hará Cécile Samagui cuando regrese a la aldea de la República africana de Benín en la que vive y de la que nunca había salido hasta ahora será desmentir los temores que le infundieron sus compatriotas cuando Manos Unidas le comunicó que había sido elegida para asistir a la entrega del premio «Príncipe de Asturias» de la Concordia, que este año recayó en esa ONG católica. «Te sentirás desplazada, nadie te hablará y te mirarán mal», le vinieron a decir. Nada más lejos de la realidad; de hecho, Samagui no encuentra palabras para explicar lo «cómoda, confortada, contenta y agradecida» que ahora, a toro pasado, dice sentirse. «Ustedes me han llenado de besos y abrazos», dice mientras se deshace en agradecimientos.

Pero Cécile Samagui regresará con un descubrimiento que aún no puede explicar. Preguntada por sus impresiones respecto al «Primer Mundo», responde que le parece «muy bello» y que no duda que la vida en un lugar con tantas comodidades debe ser «preciosa». Pero cuando alguien le dice que, no obstante, hay personas que se declaran infelices, el rostro de Samagui refleja el estupor y niega con firmeza: «Eso es imposible». Da igual cuántas veces se lo traten de explicar: «Es imposible no ser feliz aquí», insiste.

«Yo venía pensando que mi visita tenía como finalidad darles las gracias a todos ustedes y me encontré con lo contrario: resulta que son ustedes los que se muestran agradecidos hacia mí por haber venido. Es el mundo al revés»


«Quiero decir a mi gente que no desespere, que debemos seguir trabajando duro, que todos ustedes nos arropan y que algún día, aunque yo no lo vea, quizá podremos disfrutar en Benín de las mismas comodidades que tienen ustedes». Aunque seguramente contará a sus vecinos el extraño misterio de los hombres y mujeres que en medio de «tanta belleza» no eran felices.

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