domingo, 20 de diciembre de 2009

En esos momentos...




Momentos que suceden a diario, y no paramos a pensar, porque casi siempre creemos que los demás son los satélites y nosotros el centro de la galaxia. Esos momentos en que perdemos la calma con aquellos que arremeten gratuitamente en un momento puntual hacia nosotros, con alguna acción mas o menos violenta. Ocurre que éstos últimos suelen estar más necesitados que nosotros mismos. Y en un principio solemos pensar la cuestión al revés, y nos vemos como las víctimas y ellos los cazadores.

Mi experiencia es que no se debe actuar "en caliente" y esperar a explicarnos si se nos dá la opotunidad y si realmente merece la pena (si la persona es accesible o quizás no).

Generalmente cuando observamos y sufrimos alguien con amargura y resentimiento, suele esconderse detrás una pena personal. A veces, acabamos conversando con ellos mismos, tras un primer enfrentamiento verbal, dándonos cuenta que merecen un abrazo de apoyo y cariño, por la pena que arrastran como pesadas cadenas.


Esta situación se da muy a menudo en el taxi, por nervios o prisas ajenas que nada tienen que ver con el conductor de un servicio público...

Y viceversa... ¿O nó?





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